Cataluña también fue musulmana, y en el catalán aún quedan huellas.

7bee3c1abb979a20806a52e92abe9459Tras la rápida invasión musulmana de la Península Ibérica en el siglo VIII los francos de Carlomagno iniciaron un proyecto de reconquista para asegurarse una zona de seguridad ante el avance musulmán, la llamada “Marca Hispánica”.

Lo que implicó que las zonas del sur de Francia y algunas localidades de lo que se conoce como Calaluña Vieja (Catalunya Vella) apenas vivieron bajo el dominio político de los omeyas durante dos o tres generaciones.

Pero los territorios del sur de Cataluña, la llamada Catalunya Nova, no fueron reconquistados hasta bien entrado el siglo XII.

El carácter fronterizo (con los reinos cristianos) de estos territorios limitaron los esfuerzos musulmanes para establecerse y dejar vestigios duraderos en la arquitectura y el arte de estos lugares.

Los esfuerzos estaban siempre centrados en preparar las diferentes guerras ofensivas y defensivas que les permitían controlar el territorio. El estado y los adinerados no se aventuraron a construir los palacios o monumentos que si podemos ver más al sur.

Éste recelo estaba bien fundamentado, pues la ciudad de Barcelona fue reconquistada tan temprano como en el 801 y Girona en el 878.

Aun así la influencia musulmana se prolongó durante siglos: en el vestido, en la gastronomía, en el sistema de construcción y por supuesto en el léxico.

En el caso de la gastronomía, si revisamos un recetario medieval nos daremos cuenta que los platos que hoy nos parecen genuinamente catalanes están presentes con una sutil diferencia; están repletos de especias.

Y es que la posterior Inquisición persiguió el uso de especias hasta el punto que se dice que algunos quemaban lana y residuos de pescado cuando cocinaban para ocultar los olores y evitar que sus vecinos les denunciaran.

El catalán conserva vestigios de ésta historia

La influencia del árabe sobre las lenguas romances que se hablaban en estos territorios no fue homogénea. El árabe tuvo mucha más influencia en Cataluña la Nueva, bajo dominio musulmán durante muchos más años que en Cataluña la Vieja.

La huella del islam puede rastrearse en expresiones como “fer dissabte”, acuñada por los conversos para remarcar sus diferencias con judíos y musulmanes.

El término moro, que originalmente significaba nativo de Mauritania, comenzó a usarse de forma peyorativa, en toda la península, luego del final de la reconquista. Pero en Cataluña existen expresiones muy pintorescas al respecto.

Por ejemplo la gente de campo llama a los edificios antiguos (sean de la época que sean) “obra de moros”.

También el catalán ha forjado expresiones tan genuinas para referirse a la idea de peligro como “haver-hi moros a la costa”; “veure moros a la costa”; o “fas més por que una fragata de moros”.

Estas expresiones son consecuencia de los ataques a las costas catalanas, por eso el pueblo llama a cualquier edificación defensiva “torres de moro” (especialmente a los torreones costeros).

Y es que durante casi 500 años las incursiones árabes amenazaron la existencia de estos pueblos y por eso la mayoría de los asentamientos desarrollaron arquitectura defensiva, para mejorar la seguridad de sus casas y puertos.

En general a los restos esparcidos por tierras catalanas que no han recibido una explicación clara y que parecen antiguas, son llamadas “cosas de moros”. Y esto ocurre, incluso en comarcas de Cataluña donde se ha dicho tradicionalmente que los “moros” no se quedaron mucho tiempo.

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